En mi última columna confesé con honestidad mis supuestos pecados capitales en este loco mundo en el que vivimos y me siento obligada a puntualizar algunas cosillas para que no os agarréis a un clavo ardiendo.
La vida se parece cada vez más a una película de las malas, si ahora mismo vinieran a visitarnos de otro planeta o alguien despertara de un larguísimo coma se sorprendería de la simpleza de nuestra visión porque al parecer aquí ya solo va la historia de buenos o malos.
Tarifa siempre ha sido un sitio pequeño pero cosmopolita, siempre han habido locales con encanto, tiendas especiales y un ambiente peculiar y atractivo por su mezcla, ¿Qué nos ha pasado?
Que los tiempos cambian es una obviedad y reconozco que siempre me dio un poco de coraje eso de cualquier tiempo pasado fue mejor, no me lo toméis a la tremenda pero es que miro a mi alrededor y me pongo un poco tonta.
Una anécdota de un querido amigo mío fue el detonante de esta reflexión…
¿Os acordáis de verano azul, de ese pueblito, de esos veraneantes y esos locales? Pues la cosa ha mutado bastante y no sé yo si el pobre Chanquete aguantaría esta intensidad.
¿Por qué limitar de nuevo la actividad de gran parte de los negocios para hacer supuestas mejoras?
Perdonen que no me levante pero entenderán el mareo que manejo… después de meses escuchando un sinfín de discursos de políticos y politiquillos apelando a la responsabilidad social cual no será mi asombro cuando me doy una vuelta por mi pueblo adoptivo y en plena temporada está patas arribas con obras a diestro y siniestro